ENVEJECIMIENTO Y SALUD FUNCIONAL EN ACARÍ

Por: Cristian Capacho – Psicólogo Clínico

El envejecimiento es parte integrante y natural de la vida. Es un fenómeno constante, complejo y variable. Es lento, pero dinámico y depende de influencias internas (biológicas, genéticas) y externas (ambientales, sociales). Es multidimensional y multidireccional, pues existen diferencias en el ritmo y dirección del cambio (ganancias y pérdidas) de las distintas características de cada individuo y entre individuos.

Debido al continuo crecimiento de las poblaciones de la tercera edad en las sociedades modernas, la búsqueda de formas de conservar y mejorar las habilidades funcionales de las personas al envejecer, ayudarles a manejarse independientemente en la comunidad y, fundamentalmente, mejorar la calidad de sus vidas, se ha convertido en un asunto cada vez más urgente. 

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Con el proceso de envejecimiento, la mayor parte del organismo sufre el deterioro de su capacidad funcional, manifestándose en problemas de salud relacionados con dificultades para mantener la homeóstasis (equilibrio interno). Generalmente, las personas valoran su estado de salud comparándolo con el de otras personas de la misma edad y condición; así́, la valoración de cada persona sobre su propia salud podría describirse como “adaptada a la edad”.

La salud de las personas de edad avanzada no debería, y no puede, examinarse simplemente desde el punto de vista de la frecuencia de enfermedades o de la ausencia de las mismas. Incluso cuando sí tienen enfermedades, muchas personas mayores se sienten perfectamente sanas porque dichas enfermedades no tienen graves efectos negativos sobre sus vidas diarias.

Los trabajos de investigación sobre el envejecimiento se han centrado tradicionalmente en la salud, pero en los últimos tiempos el concepto de capacidad funcional está llamando cada vez más la atención. Algunas de las partes claves de la salud funcional se relacionan con: Las actividades de la vida diaria, las actividades instrumentales de la vida diaria y las variables psicológicas y sociales. La capacidad funcional de las personas mayores es crucial con respecto a la forma en que pueden llevar a cabo y soportar las actividades de la vida diaria, que a su vez afecta a su calidad de vida.

El estado funcional puede definirse como la capacidad de una persona para llevar a cabo las actividades necesarias para lograr el bienestar. A menudo se conceptualiza como la integración de tres campos de la funcionalidad: el biológico, el psicológico (cognitivo y afectivo), y el social. Así́, la valoración funcional se deriva de un modelo que observa la forma en que la relación entre estos tres campos contribuye al comportamiento y a la funcionalidad generales.

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En las personas mayores, las respuestas adaptivas a las situaciones de estrés en cada uno de estos campos adquieren cada vez más importancia. Aunque los procesos de desarrollo y envejecimiento pueden dar lugar a grandes diferencias, las mediciones de la salud física pretenden determinar los niveles totales de salud y estado físico. Los indicadores de salud física utilizados generalmente incluyen los diagnósticos y afecciones existentes, los síntomas, las discapacidades, los tipos de drogas que se consumen, la gravedad de la enfermedad, y la cuantificación de los servicios médicos utilizados (por ejemplo, el número de días de hospitalización al año, o la cantidad de días al año en los que no se pudieron realizar las actividades normales de la vida diaria).

La valoración que realiza la persona de su propia salud y discapacidad puede también incluirse en dichas mediciones. Las escalas de estado funcional estudian las actividades de la vida diaria (lavarse, vestirse, comer, trasladarse, caminar, y la continencia) y las actividades instrumentales de la vida diaria (tareas domésticas, hacer la compra, tomar medicinas, utilizar transportes, usar el teléfono, cocinar, y usar y administrar el dinero), que generalmente son necesarias para la vida independiente.

La competencia funcional también se ha definido como el grado de facilidad con el que una persona piensa, siente, actúa, o se comporta, congruentemente con su entorno y su gasto de energía. Asimismo, la salud funcional se ha relacionado con el nivel al que una persona se mantiene a sí misma, la calidad con que desempeña los papeles que le corresponden en la sociedad, el estado intelectual, el estado emocional, la actividad social, y la actitud respecto del mundo y de uno mismo.

La salud y la capacidad funcional son de vital importancia para la calidad de la vida social de las personas: el nivel de capacidad funcional determina la medida en que pueden manejarse con autonomía dentro de la comunidad, participar en distintos eventos, visitar a otras personas, utilizar los servicios y facilidades que les ofrecen las organizaciones y la sociedad, y en general, enriquecer sus propias vidas y las de las personas más próximas a ellos.

 

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